¿Cuántos niños y niñas con autismo e hiperlexia hay?

Leo, niño autista que utiliza Ipad

Hace tiempo que Dissímile está absolutamente parada, como cualquiera habrá podido comprobar. En realidad, con ello solo me sumo a la multitud de blogs y páginas que van falleciendo por las circunstancias vitales de sus autores: familia, trabajo, cansancio o demás circunstancias vitales que, reconozcámoslo, en realidad son mucho más relevantes para el común de los mortales que escribir en un blog. Aún así, he decidido realizar un último esfuerzo para intentar sacar a Dissímile de cuidados intensivos y reanimarla. Y qué mejor modo que con un trabajo reciente que he leído sobre un tema que me es cercano, la hiperlexia.

Aunque el estudio de Wei y sus colaboradores no aporta muchas pistas sobre la intervención, es un buen trabajo que nos da algunas ideas sobre el perfil académico de los niños y niñas con autismo. Al fin y al cabo, este es un tema de gran importancia para ellos y sus familias y que, por desgracia, es poco estudiado. Además, aborda un asunto especialmente interesante y, menos analizado aún, que es el de la hipercalculia – la capacidad para las matemáticas elementales. Finalmente, y esto es lo más importante, cuentan con una muestra representativa: no han buscado los niños que más a mano tenían, sino que se han preocupado de localizar un grupo que pueda resultar un buen reflejo de la población de educación especial estadounidense.

En concreto, lo que hicieron fue buscar una muestra representativa a nivel nacional de los niños (130 en total) que recibían educación especial, tenían autismo y una edad de  6 a 9 años en los EE.UU en los años 2000-2001, 2001-2002, 2003-2004. Les administraron pruebas de reconocimiento de letras y de palabras, comprensión lectora y del lenguaje, procesamiento fonológico y denominación rápida, además de habilidades sociales y carácteristicas sociodemográficas familiares. En conjunto, estos niños y niñas presentaban puntuaciones en su ejecución alrededor de una desviación tipo por debajo de la media nacional de la población general.

Lo más interesante es la diversidad que hallaron. Así, encontraron cuatro perfiles, a cada uno de los cuales le pusieron una etiqueta concreta para intentar identificarlos mejor (o hacerlo más “vendible” – llamarle cluster 1, 2, 3, y 4 ya sabéis que no tiene glamour ninguno):

  • Alto rendimiento: en realidad era el grupo de niños y niñas que rendían en un nivel similar al de la población general  en todas las tareas de lectura y matemáticas (salvo en denominación rápida). Aquí se incluían 50 niños, el 39 % del total estudio.
  • Hiperlexia: aunque sus puntuaciones en lectura de palabras tenían un nivel medio, destacaban en denominación rápida, y estaban claramente por debajo en comprensión, cálculo y resolución de problemas. Eran 12 niños,  un 9% de los participantes.
  • Hipercalculia: correspondía al perfil de 26 niños, un 20% de los participantes, y estaban en la media nacional para el cálculo, pero no para las demás puntuaciones, que estaban por debajo.
  • Bajo rendimiento: tenían puntuaciones al menos dos desviaciones tipo por debajo de la media en todas las tareas.

Una curiosidad, no menor en realidad, es que las madres del grupos de mejor rendimiento tenían en un mayor porcentaje títulos universitarios y mayor nivel de ingresos. Aunque seguramente una obviedad para los que trabajáis con alumnado con autismo, está bien recordar que el impacto del entorno socioeconómico es importante para el desarrollo académico de todo los niños… también de los que presentan necesidades educativas especiales. A veces se tiende a pensar que el posible peso de la discapacidad va a anular todas las demás diferencias interindividuales.

El trabajo tiene, lógicamente, sus limitaciones. Por ejemplo, no nos da una indicación del desarrollo cognitivo o general de los niños, por lo que no sabemos si sus resultados son buenos o malos en comparación con otros aspectos de su evolución. Además, como los mismos autores reconocen, este alumnado no es todo el alumnado con trastorno del espectro autista, sino solo el que podía completar pruebas estandarizadas. Ajá, diréis más de uno y de una, ya me parecía que estos chicos con autismo americanos tenían un nivel alto: efectivamente, se quedan fuera todos los niños y niñas a los que hay que evaluar con pruebas alternativas por su nivel académico y personal limitado.

De todos modos, insisto en que creo que es un trabajo interesante. Cuando miremos nuestra aula o nuestra muestra en una investigación, nos da una pista para situarnos en el contexto general del desarrollo académico del alumnado con autismo. Nos recuerda varias cosas:

  • Hay una gran diversidad en el desarrollo académico de estos niños y niñas.
  • Un porcentaje alto tiene un rendimiento que es potencialmente igual al de sus compañeros.
  • Son relativamente pocos los que tienen una fortaleza especial en la lectura de palabras.
  • Y, aunque, se ha estudiado poco, el cálculo destaca relativamente en una proporción nada desdeñable.

¿Dónde están los niños con los que estás trabajando o investigando?

Referencia
Wei, X., Christiano, E. R., Yu, J. W., Wagner, M., & Spiker, D. (2014). Reading and math achievement profiles and longitudinal growth trajectories of children with an autism spectrum disorder. Autism. doi:10.1177/1362361313516549
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