Evidentemente

Existe una tendencia creciente a exigir a los profesionales de todos los campos que sus intervenciones se realicen de acuerdo con “las mejores evidencias disponibles”. ¿Qué quiere decir eso? Básicamente, que además del juicio basado en la propia experiencia  de intervención,  se tengan en cuenta los resultados de la investigación  más rigurosa a la hora de adoptar una terapia o programa.
La cosa no está ausente de polémica. Por ejemplo, para algunos ésta no es más que una manera de imponer unos tipos de intervención (por ejemplo, los de enfoque más conductual), por encima de otros. A veces, se acusa a la “evidencia” de ser interesada y parcial, y de que no se publican por igual todos los datos a favor y en contra de todas las intervenciones.

En cualquier caso, el primer problema está en que a menudo no contamos con suficientes datos sobre muchos de los tratamientos. Además, mantenerse al día sobre cada estudio que se publica sobre cada tipo de intervención es muy difícil para el profesional de a pie. Por ello existen revisiones y centros dedicados a difundir este tipo de información.
Una de las bases de datos más relevantes es la llamada Biblioteca Cochrane Plus (hermana de la inglesa Cochrane Library). Depende de la Colaboración Cochrane, una organización dirigida al ámbito sanitario, cuyo objetivo es difundir información actualizada sobre las evidencias de distintos tratamientos. Gracias a la suscripción del Ministerio de Sanidad y Consumo de España es accesible en todo el país de forma gratuita. En los países de América Latina y del Caribe, el acceso se produce a través de la Biblioteca Virtual en Salud.

Al ser una base de datos del ámbito de la salud, lógicamente muchos de los materiales que produce corresponden a tratamientos médicos y farmacológicos. Sin embargo, es posible encontrar algunas revisiones de utilidad para quienes trabajamos desde una perspectiva psicoeducativa. Así, y sólo a título de ejemplo, podéis encontrar informes sobre los programas educativos para la prevención del abuso sexual infantil, las intervenciones sobre la apraxia del habla infantil o el uso de la musicoterapia en niños con autismo.

Sería ideal tener una base de datos similar en el ámbito educativo. Algo así están intentando en la Universidad de Durhman, en el Reino Unido. El Centre for Evaluation and Monitoring promueve estudios para mejorar la evidencia disponible en torno a distintos programas y problemas educativos. Pero aún queda mucho para que sus fondos tengan el tamaño de la Cochrane. No sólo es una cuestión de dinero: qué es evidentemente bueno  en la intervención educativa no es tan sencillo como decidir si un fármaco funciona o no. Pero resulta por ello menos necesario.

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