Archivos para septiembre, 2009

¿Sirve para algo la equinoterapia?

Posted in Autismo with tags , , , , on 4 septiembre 2009 by David Saldaña
Quiero comenzar esta nueva serie de Dissimile, que lleva un tanto tiempo “dormido”, con una investigación que se ha realizado sobre el uso de caballos en la terapia con niños con autismo. Se ha publicado en el último número del Journal of Autism and Developmental Disorders (una de las revistas de mayor impacto en este campo, para los que no estéis familiarizados con ella) (1).

El uso de caballos en la terapia de personas con trastornos del desarrollo goza de cierta popularidad. Hay una multitud de escuelas que aplican lo que se llama equino o hipoterapia. Lo que sucede es que, pese a todo lo que se dice en esos centros sobre los supuestos beneficios para los niños, no sabemos que esté justificado el gasto que comportan. Los autores del trabajo intentan remediar esta cuestión. Como bien dicen, son los primeros en intentar comprobar si realmente sirve de algo comparando un grupo de niños con autismo que reciben el tratamiento con otros que no lo reciben.
El trabajo tiene varios puntos fuertes. Por lo pronto, los dos grupos de niños son equivalentes en varias dimensiones cruciales, como el diagnóstico y su gravedad. Más importante aún, cada niño era asignado al grupo que recibía el tratamiento (el experimental) o el control de modo aleatorio, lo que constituye una muestra de rigurosidad. Por otro lado, hacen una buena descripción de qué sucedía exactamente en las sesiones con los niños y los caballos. En las doce sesiones de una hora que duró la intervención, los niños tenían que establecer el contacto con su caballo, montarlo y limpiarlo. Además, se hacía con ellos una serie de ejercicios que podríamos denominar verbales, sobre las partes del animal y los instrumentos de limpieza. Mientras se montaba, se llevaban a cabo diversos ejercicios colectivos de carácter motor.
¿Qué pasó? Bueno, el hecho es que encontraron ciertas mejorías entre las medidas iniciales, antes de la intervención, y las medidas finales. En concreto aplicaron dos escalas, una que llaman “de responsividad social” y otra “sensorial”. Los análisis ponen de manifiesto que en ésta última se producen mejorías. Esto también sucede en algunas dimensiones de la escala social. No queda claro del todo qué se incluye en estas escalas, pero en cualquier caso es un resultado interesante.
¿Funciona, entonces, la equinoterapia? Amigo, aún estamos lejos de poder decir eso. Por lo pronto, uno necesito varios estudios para poderlo demostrar. Pero, más importante aún, éste tiene a mi juicio limitaciones importantes:

  • El grupo control está constituido por participantes de una lista de espera. No sabemos qué tipo de tratamientos o terapias recibían esos niños. Supongamos que iban a terapia, de forma normal, al igual que los del grupo de tratamiento. Pero, si esto era así, en el mejor de los casos recibían una hora semanal menos de atención (la que pasan los del grupo experimental con los caballos), porque en ninguna parte se dice que el número de horas totales de tratamiento sea el mismo.
  • Los cuestionarios en los que se basan los resultados eran rellenados por los padres. Hasta ahí, ningún problema. Pero, claro, los padres no podían evitar saber qie sus hijos estaban implicados en este tratamiento, con lo cual es fácil suponer que había cierta expectativa positiva.
  • Además, como los propios autores señalan, varios de los niños del grupo de tratamiento se dieron de baja. Es muy posible que estos niños tuviera especiales dificultades o mayores problemas. Si ese es el caso, en realidad sería algo así como eliminar a los niños con menos posibilidades de beneficiarse del tratamiento (lo que no habría pasado en el grupo de control).

Pese a todo, hay que reconocer que los investigadores han hecho un esfuerzo bastante serio por valorar su intervención. Nos muestran, pese a limitaciones, cómo los partidarios de la equinoterapia debieran argumenta y defenderla. Por otro lado, en ningún momento proponen que la equinoterapia vaya a “curar” el autismo y son modestos en sus afirmaciones sobre lo que han demostrado (sólo evidencia de cierta mejoría).
Yo, por mi parte, permanezco un tanto esceptico sobre la necesidad de que haya caballos en la intervención. Me parece que los investigadores han incluido realmente actividades en su programa que eran muy útiles para los niños y niñas que participaban: abordaban actividades motoras, sociales y lingüísticas de cierto valor. La pregunta es si hacía falta incurrir en ese coste y esa complicación. Para convencerme necesitarían haber incluido un grupo de niños con los que se empleaban actividades similares, pero sin los caballos. Así, comenzaría a pensármelo. 

(1) Bass, M. M., Duchowny, C. A., & Llabre, M. M. (2009). The effect of therapeutic horseback riding on social functioning in children with autism. Journal of Autism and Developmental Disorders, 39(9), 1261-1267. doi: 10.1007/s10803-009-0734-3

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