Gasto en Educación y Resultados en PISA

Aunque no es un tema directamente relacionado con las dificultades en el desarrollo, sí que lo está  la educación de nuestros alumnos y alumnas y, me ha parecido, de cierta actualidad en el contexto actual de crisis económica. Pero comencemos por el principio: ¿qué es eso del PISA? Como muchos sabréis, los estudios PISA (Programme for International Student Assessment) son unos estudios periódicos internacionales, en los que participan más de 70 países desde el año 2000, que valoran las capacidades (principalmente en lectura, matemáticas y ciencias) del alumnado de 15 años de edad. Son bastante conocidos, especialmente por la publicidad que se da a los ranking que publican sobre los países participantes. Cada vez que se produce una de estas clasificaciones (más o menos cada 3 años), los periódicos de nuestro país – y de muchos otros – comienzan a preguntarse por qué no somos los mejores y a mirar a los que sí lo son (se habla mucho de Finlandia, por ejemplo, como modelo europeo). Pero, en realidad, más interesantes que estas ligas de campeones educativos son los estudios que publican intentado determinar cómo mejorar la educación en el mundo. Varios de los trabajos se publican en unos boletines llamados PISA in focus. El del mes de febrero viene justamente al caso de la crisis económica.

Foto de Euros

La pregunta que se hacen los investigadores de PISA es: ¿gastando más en educación, se mejoran los resultados del alumnado? Pues, sorprendentemente, parece que no. Bueno, que no, con matices. Más concretamente, que no a partir de cierta cifra. La siguiente gráfica nos da una idea: hasta llegar al gasto de 35.000 dólares por alumno, es importante cuánto se gasta por. A partir de ahí, no importa mucho, según estos datos.

Gráfica con GAstos por estudiante y Rendimiento en PISA

Alguien puede pensar: estupendo, pues recortemos, que no va a afectar a la calidad de la educación. Y es posible que se puedan manejar cifras inferiores de gasto educativo, y lograr buenos resultados – en PISA, eso sí, que no lo son todo en el sistema educativo.

Ahora bien, un par de precauciones muy importantes, que están relacionadas con otras medidas que proponen a menudo los mismos que creen que no vale la pena gastar en educación. Y es que sí importa en qué te gastes ese dinero. Aquí, parecen influir dos variables fundamentales.

Primero, cuánto traducimos ese dinero en prestigio para los profesores: los maestros han de estar bien pagados, sentirse valorados por la sociedad, que además hace un esfuerzo por atraer a los mejores candidatos con buenas condiciones laborales. Y esto no parece que vaya a mejor. Hay una relación directa entre los sistemas que pagan bien a su profesorado y los que obtienen buenos resultados.

Segundo, los sistemas con mejores resultados son aquellos que son más inclusivos. Explícitamente, los que no segregan a los niños con más dificultades, los que no establecen rutas paralelas según rendimiento, los que no hacen repetir a los estudiantes que fracasan. En otras palabras, que esforzarnos por el alumnado con necesidades de apoyo específico, por hacer mejorar a todos, por los que tienen peor rendimiento, redunda en que todos vayan mejor. Primar solo a los excelentes para mejorar el sistema, puede resonar con la sabiduría popular esa que aplicamos tantas veces a la educación, pero no parece que cuadre con la evidencia de los datos.

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