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El autismo en el DSM-V, ¿mejor o peor que en el DSM-IV?

Posted in Autismo, Uncategorized with tags on 3 marzo 2011 by David Saldaña
Esta es la pregunta que justamente se hacen en un artículo que acaba de aparecer Lorna Wing, Judith Gould y Cristopher Gillberg (1). Muchos otros se la están planteando también, por supuesto. Pero en este caso el interés radica en que las dos primeras autoras fueron de las primeras que propusieron en su día la visión dimensional del autismo y el concepto de trastornos del espectro autista. Por eso, me pareció interesante detenerme en leer lo que tenían que decir.
Versiones del DSM

 

Pero comencemos por el principio. Por lo pronto, es posible que aún alguno de vosotros no sepa que la APA está en proceso de revisión de su manual de diagnóstico de los trastornos mentales, el famoso DSM. La versión actual (la cuarta), será sustituida previsiblemente en el 2013 por el DSM-V. Hay muchos trastornos que no sufrirán apenas cambios en su definición, pero otros van a experimentar modificaciones de cierta envergadura. El autismo es uno de ellos. Algunos de los más llamativos y quizá destacados (de nuevo, para los que no estéis al día en este tema) son los siguientes (aquí tenéis el original completo):

  • Desaparecen las categorías diagnósticas dentro de los Trastornos Generalizados del Desarrollo, es decir, el trastorno autista, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil, y el TGD-NE.
  • Todos ellos quedan englobados en una única categoría denominada Trastornos del Espectro Autista (TEA).
  • El trastorno de Rett se elimina de los TEA.
  • La “tríada” se convierte en una díada, al fundirse las alteraciones comunicativas con los problemas de socialización.

Os podréis imaginar que estas propuestas de cambio han traido un amplio debate el mundo del autismo. En nuestro país, AETAPI ha celebrado una tertulia sobre el tema y ha elevado a la APA unos comentarios que vale la pena revisar (aquí y aquí, respectivamente).

Pero volvamos a Wing y sus colaboradores. ¿Qué opinión les merecen los cambios? No se manifiestan sobre el conjunto como tal, pero sí que hacen algunos comentarios (por cierto, coincidentes con los de los compañeros de AETAPI en algunos puntos).

En primer lugar, parece preocuparles la vaguedad que se deriva de la propuesta inicial. Frente a la formulación del DSM-IV, que incluía algunas referencias a comportamientos específicos (incluso estos bastante genéricos), en el DSM-V no hay mucha concreción. Por tanto, no parece que vaya a ser una guía de apoyatura importante para poder efectuvar el diagnóstico, es la queja de los autores. Más importante que esto es quizá su preocupación de que la definición actual pueda plantear dificultades en el diagnóstico de niños pequeños y de adultos. Opinan que la formulación inicial de que se contemplen dificultades comunicativas verbales y no verbales, o dificultades en las interacciones entre iguales, no es sencilla de que se cumpla con rigor en el caso de niños y niñas menores de tres años.  Ellos abogan además por incluir algunos de los comportamientos predictores de diagnóstico de autismo y que aparecen a edades tempranas, como por ejemplo patrones extraños de conducta – por ejemplo excesivo llanto o pasividad -, ausencia o falta de interacción social, problemas de desarrollo de la comunicación preverbal, o intereses limitados y específicos.

A mi juicio, el otro aspecto destacable de su propuesta tiene que ver con la desaparición de las subcategorías. Aunque existe un cierto consenso sobre la falta de diferencias consistentes entre el trastorno autista, el síndrome de Asperger y el TGD-NE que justifiquen su mantenimiento como categorías distintas, es cierto que muchos grupos sociales, tanto de familiares como de personas con el síndrome de Asperger especialmente, han mostrado su preocupación por la pérdida de la categoría y la implicación que pudiera tener sobre los apoyos sociales, médicos y administrativos que reciben. Hasta ahora, solo había leído opiniones a favor y en contra de este cambio, pero la posición de Wing y sus colaboradores es más matizada e interesante, al proponer una única categoría diagnóstica abierta con subgrupos, más que diagnósticos específicos. Proviene, como he dicho al principio, de algunas de las “fundadoras” del concepto mismo de espectro autista. Su propuesta implicaría incluir las denominaciones de síndrome de Asperger y de Trastorno Desintegrativo Infantil con una breve descripción de cada uno, entendiendo que esta denominación implica un diagnóstico de Trastorno del Espectro Autista. Aunque no aparece dicho de este modo, parecen proponer que estas denominaciones actúen como matizaciones o modificadores no obligatorios del diagnóstico principal de TEA.

En cualquier caso, el debate continua abierto. De hecho, si miráis con cuidado las propuestas iniciales del grupo de trabajo (aquí, por ejemplo) y la formulación más reciente, veréis modificaciones. Algunas en la línea de Wing et al., o de la propia AETAPI.

(1) Wing, L., Gould, J., & Gillberg, C.Autism spectrum disorders in the DSM-V: Better or worse than the DSM-IV? Research in Developmental Disabilities, 32(2), 768-773. doi:10.1016/j.ridd.2010.11.003

 

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